04/03/2026
Entrevistamos a Ana Barroso, responsable de fábrica en Hispagraf. Como mujer trabajadora, nos acerca a su experiencia en el papel de cargo directivo en una empresa del sector gráfico reconocida a nivel mundial y que trabaja para sectores tan exigentes como el farmacéutico.
Ana, eres uno de los miembros de Hispagraf con un alto nivel de responsabilidad en el funcionamiento de la compañía.
Con 16 años y la ESO recién terminada, no tenía clara mi vocación, como le ocurre a la mayoría de los adolescentes. Fue mi madre quien decidió matricularme en el módulo de Formación Profesional de Artes Gráficas. Ella tenía muy claro que ese era mi camino, y el tiempo le ha dado la razón. Siempre que pienso en dónde me encuentro hoy, recuerdo aquella decisión y le estaré agradecida toda la vida.
Mi trayectoria profesional ha estado siempre ligada a este sector. Comencé en reprografía y ploteado de planos, continué como técnico impresor digital de gran formato trabajando con maquinaria solvente, plotters de corte y equipos de sublimación, y posteriormente pasé ocho años en oficina técnica, parte de ellos en agencia de publicidad y el resto en una empresa líder en serigrafía e impresión de gran formato.
Hace seis años di el salto a un puesto directivo. Inicialmente dirigí una planta de producción dedicada a la fabricación de publicidad exterior a nivel nacional – autobuses, tranvías, mobiliario urbano y aeropuertos – y, finalmente, llegué a Hispagraf. Aquí he encontrado mi lugar: siento que formo parte esencial de la estructura, veo reflejado mi trabajo en los resultados, y eso me motiva a seguir esforzándome para que la empresa continúe creciendo.
Hispagraf ha crecido muchísimo en los últimos años y el equipo humano no ha dejado de ampliarse, pero aun así hemos sabido mantener un ambiente cercano y familiar. Creo que la clave está en la alianza con las personas. Cuando los trabajadores entienden que su labor es fundamental para el buen funcionamiento de la empresa, el compromiso aumenta y el orgullo por los resultados es mayor.
Puedes contar con la mejor tecnología de mercado, pero sin profesionales cualificados y un equipo implicado, no sirve de nada. Disponer de un equipo humano experimentado y comprometido me da tranquilidad a la hora de delegar, porque sé que el trabajo se realizará con el mismo nivel de exigencia y cuidado por el detalle que aplico yo.
Sin duda, uno de los mayores retos ha sido hacer entender que mi criterio, mis decisiones y mi autoridad tienen el mismo peso que los de un hombre. En distintas ocasiones, técnicos, proveedores o personal externo, han intentado cuestionar mis decisiones por el hecho de ser mujer y, en muchos casos, también por ser más joven.
Por suerte, soy muy meticulosa, y estudio a conciencia cada proyecto que cae en mis manos. Al final, los resultados hablan por sí solos y, poco a poco, la gente deja de cuestionar si lo que digo o hago es lo correcto.
Personalmente, creo que el nivel de exigencia debe basarse en las capacidades de cada persona, independientemente del género. En mi caso, que la dirección confíe en mí para los proyectos más exigentes me genera satisfacción y refuerza mi seguridad profesional. Para mí, es un reto cumplir con las expectativas y, siempre que es posible, intento superarlas.
No se trata de ser mujer u hombre, sino de hacer bien tu trabajo. Cuando eso ocurre, el respeto llega solo. Y en este sector, hay sitio para cualquiera que tenga ganas de aprender y de implicarse de verdad.
Poco a poco se va viendo una mayor presencia femenina en el sector, aunque todavía es escasa en el entorno de fábrica. En nuestro caso, sumando ambas compañías y el personal puesto a disposición, aproximadamente el 40% de la plantilla son mujeres. De ese total, un 53% trabaja directamente en el taller y el resto desempeñan funciones administrativas y de control de calidad, lo que refleja datos bastante positivos.
Aun así, es cierto que pocas mujeres se forman para operar maquinaria. Generalmente, ocupan puestos de manipulado, aunque en nuestro equipo contamos con compañeras que son oficiales de plegado y pegado. Me encanta ver a mujeres operando máquinas, pero sigo echando en falta presencia femenina en los departamentos de impresión. En más de 18 años de trayectoria, nunca he coincidido con una mujer manejando equipos de impresión digital o prensa offset.
No está normalizado, en absoluto. Sigue habiendo muy poca presencia femenina en determinados puestos del proceso productivo. En los procesos de selección, por ejemplo, hay departamentos como impresión, troquelado o guillotina donde únicamente recibimos currículums de hombres. No es una cuestión de falta de voluntad, sino de ausencia de candidaturas femeninas.
Creo que la idea de que ciertos trabajos son “para hombres” sigue muy arraigada en la sociedad, y eso desanima a muchas mujeres a formarse en este sector y en otros similares, como la siderurgia, la mecánica o la automoción.
Me apasiona estar cada día en la fábrica: ver las máquinas funcionando, el contacto con los compañeros y proveedores, velar por la seguridad y cuidar cada detalle de las instalaciones. No ha dos días iguales; siempre surgen nuevos retos, dudas y problemas que resolver. Además, las normativas cambian constantemente y es fundamental mantener su cumplimiento actualizado, lo que implica estar en continua búsqueda de mejoras.
Antes de incorporarme en Hispagraf, me planteé formarme como docente de Formación Profesional en Artes Gráficas, una idea que me ilusionaba mucho. Sin embargo, hoy por hoy, no podría abandonar la fábrica: necesito seguir vinculada directamente a la industria.
Uno de mis retos actuales, y uno de los proyectos que más ilusión me hace, es comenzar a colaborar con centros de Formación Profesional para acoger alumnos en prácticas. Compartir con ellos la ilusión que yo tuve al empezar y demostrarles que, con esfuerzo y trabajo constante, se puede llegar muy lejos. Creo que es de mis proyectos favoritos a corto plazo.
Les diría, ante todo, que no se limiten. En las artes gráficas todo está conectado: los conocimientos en impresión y postimpresión son muy valiosos para el diseño y la preimpresión, y viceversa. Conocer todos los procesos aporta herramientas fundamentales a largo plazo.
Animaría sobre todo a que se formasen en las técnicas convencionales, como el offset, la serigrafía y la flexografía.
Las técnicas digitales son más fáciles de aprender, pero de aquí a unos años, los impresores que sepan llevar prensas o rotativas serán muy escasos. Es vital y muy necesario que la generación de impresores, que dentro de unos años se jubilarán, puedan transmitir su conocimiento a las nuevas generaciones. Esa experiencia no se aprende en los libros y merece ser preservada.
Muchas gracias, Ana, ¡ha sido un placer!
Heidelberger Druckmaschinen AG (HEIDELBERG) es una empresa líder en tecnológica que lleva 175 años apostando por la innovación, la calidad y la fiabilidad en la ingeniería mecánica en todo el mundo. Con un claro enfoque en el crecimiento, HEIDELBERG, como proveedor de soluciones integrales, impulsa un mayor desarrollo en las áreas centrales de la impresión digital y de packaging, las soluciones de software y el negocio de Lifecycle con servicios y consumibles para que los clientes puedan lograr la máxima productividad y eficiencia.
La empresa también se centra en la expansión hacia nuevas áreas de negocio, como la ingeniería de plantas de alta precisión con control integrado, la tecnología de automatización y la robótica, así como las crecientes tecnologías ecológicas (growing green). Con una fuerte presencia internacional en aproximadamente 170 países, la capacidad creativa y la experiencia de sus aproximadamente 9.500 empleados, sus propias instalaciones de producción en Europa, China y EE. UU. y una de las redes de ventas y servicios más grandes del mundo, hace que la empresa esté bien posicionada para el futuro crecimiento.
04/03/2026
Entrevistamos a Ana Barroso, responsable de fábrica en Hispagraf. Como mujer trabajadora, nos acerca a su experiencia en el papel de cargo directivo en una empresa del sector gráfico reconocida a nivel mundial y que trabaja para sectores tan exigentes como el farmacéutico.
Ana, eres uno de los miembros de Hispagraf con un alto nivel de responsabilidad en el funcionamiento de la compañía.
Con 16 años y la ESO recién terminada, no tenía clara mi vocación, como le ocurre a la mayoría de los adolescentes. Fue mi madre quien decidió matricularme en el módulo de Formación Profesional de Artes Gráficas. Ella tenía muy claro que ese era mi camino, y el tiempo le ha dado la razón. Siempre que pienso en dónde me encuentro hoy, recuerdo aquella decisión y le estaré agradecida toda la vida.
Mi trayectoria profesional ha estado siempre ligada a este sector. Comencé en reprografía y ploteado de planos, continué como técnico impresor digital de gran formato trabajando con maquinaria solvente, plotters de corte y equipos de sublimación, y posteriormente pasé ocho años en oficina técnica, parte de ellos en agencia de publicidad y el resto en una empresa líder en serigrafía e impresión de gran formato.
Hace seis años di el salto a un puesto directivo. Inicialmente dirigí una planta de producción dedicada a la fabricación de publicidad exterior a nivel nacional – autobuses, tranvías, mobiliario urbano y aeropuertos – y, finalmente, llegué a Hispagraf. Aquí he encontrado mi lugar: siento que formo parte esencial de la estructura, veo reflejado mi trabajo en los resultados, y eso me motiva a seguir esforzándome para que la empresa continúe creciendo.
Hispagraf ha crecido muchísimo en los últimos años y el equipo humano no ha dejado de ampliarse, pero aun así hemos sabido mantener un ambiente cercano y familiar. Creo que la clave está en la alianza con las personas. Cuando los trabajadores entienden que su labor es fundamental para el buen funcionamiento de la empresa, el compromiso aumenta y el orgullo por los resultados es mayor.
Puedes contar con la mejor tecnología de mercado, pero sin profesionales cualificados y un equipo implicado, no sirve de nada. Disponer de un equipo humano experimentado y comprometido me da tranquilidad a la hora de delegar, porque sé que el trabajo se realizará con el mismo nivel de exigencia y cuidado por el detalle que aplico yo.
Sin duda, uno de los mayores retos ha sido hacer entender que mi criterio, mis decisiones y mi autoridad tienen el mismo peso que los de un hombre. En distintas ocasiones, técnicos, proveedores o personal externo, han intentado cuestionar mis decisiones por el hecho de ser mujer y, en muchos casos, también por ser más joven.
Por suerte, soy muy meticulosa, y estudio a conciencia cada proyecto que cae en mis manos. Al final, los resultados hablan por sí solos y, poco a poco, la gente deja de cuestionar si lo que digo o hago es lo correcto.
Personalmente, creo que el nivel de exigencia debe basarse en las capacidades de cada persona, independientemente del género. En mi caso, que la dirección confíe en mí para los proyectos más exigentes me genera satisfacción y refuerza mi seguridad profesional. Para mí, es un reto cumplir con las expectativas y, siempre que es posible, intento superarlas.
No se trata de ser mujer u hombre, sino de hacer bien tu trabajo. Cuando eso ocurre, el respeto llega solo. Y en este sector, hay sitio para cualquiera que tenga ganas de aprender y de implicarse de verdad.
Poco a poco se va viendo una mayor presencia femenina en el sector, aunque todavía es escasa en el entorno de fábrica. En nuestro caso, sumando ambas compañías y el personal puesto a disposición, aproximadamente el 40% de la plantilla son mujeres. De ese total, un 53% trabaja directamente en el taller y el resto desempeñan funciones administrativas y de control de calidad, lo que refleja datos bastante positivos.
Aun así, es cierto que pocas mujeres se forman para operar maquinaria. Generalmente, ocupan puestos de manipulado, aunque en nuestro equipo contamos con compañeras que son oficiales de plegado y pegado. Me encanta ver a mujeres operando máquinas, pero sigo echando en falta presencia femenina en los departamentos de impresión. En más de 18 años de trayectoria, nunca he coincidido con una mujer manejando equipos de impresión digital o prensa offset.
No está normalizado, en absoluto. Sigue habiendo muy poca presencia femenina en determinados puestos del proceso productivo. En los procesos de selección, por ejemplo, hay departamentos como impresión, troquelado o guillotina donde únicamente recibimos currículums de hombres. No es una cuestión de falta de voluntad, sino de ausencia de candidaturas femeninas.
Creo que la idea de que ciertos trabajos son “para hombres” sigue muy arraigada en la sociedad, y eso desanima a muchas mujeres a formarse en este sector y en otros similares, como la siderurgia, la mecánica o la automoción.
Me apasiona estar cada día en la fábrica: ver las máquinas funcionando, el contacto con los compañeros y proveedores, velar por la seguridad y cuidar cada detalle de las instalaciones. No ha dos días iguales; siempre surgen nuevos retos, dudas y problemas que resolver. Además, las normativas cambian constantemente y es fundamental mantener su cumplimiento actualizado, lo que implica estar en continua búsqueda de mejoras.
Antes de incorporarme en Hispagraf, me planteé formarme como docente de Formación Profesional en Artes Gráficas, una idea que me ilusionaba mucho. Sin embargo, hoy por hoy, no podría abandonar la fábrica: necesito seguir vinculada directamente a la industria.
Uno de mis retos actuales, y uno de los proyectos que más ilusión me hace, es comenzar a colaborar con centros de Formación Profesional para acoger alumnos en prácticas. Compartir con ellos la ilusión que yo tuve al empezar y demostrarles que, con esfuerzo y trabajo constante, se puede llegar muy lejos. Creo que es de mis proyectos favoritos a corto plazo.
Les diría, ante todo, que no se limiten. En las artes gráficas todo está conectado: los conocimientos en impresión y postimpresión son muy valiosos para el diseño y la preimpresión, y viceversa. Conocer todos los procesos aporta herramientas fundamentales a largo plazo.
Animaría sobre todo a que se formasen en las técnicas convencionales, como el offset, la serigrafía y la flexografía.
Las técnicas digitales son más fáciles de aprender, pero de aquí a unos años, los impresores que sepan llevar prensas o rotativas serán muy escasos. Es vital y muy necesario que la generación de impresores, que dentro de unos años se jubilarán, puedan transmitir su conocimiento a las nuevas generaciones. Esa experiencia no se aprende en los libros y merece ser preservada.
Muchas gracias, Ana, ¡ha sido un placer!
Heidelberger Druckmaschinen AG (HEIDELBERG) es una empresa líder en tecnológica que lleva 175 años apostando por la innovación, la calidad y la fiabilidad en la ingeniería mecánica en todo el mundo. Con un claro enfoque en el crecimiento, HEIDELBERG, como proveedor de soluciones integrales, impulsa un mayor desarrollo en las áreas centrales de la impresión digital y de packaging, las soluciones de software y el negocio de Lifecycle con servicios y consumibles para que los clientes puedan lograr la máxima productividad y eficiencia.
La empresa también se centra en la expansión hacia nuevas áreas de negocio, como la ingeniería de plantas de alta precisión con control integrado, la tecnología de automatización y la robótica, así como las crecientes tecnologías ecológicas (growing green). Con una fuerte presencia internacional en aproximadamente 170 países, la capacidad creativa y la experiencia de sus aproximadamente 9.500 empleados, sus propias instalaciones de producción en Europa, China y EE. UU. y una de las redes de ventas y servicios más grandes del mundo, hace que la empresa esté bien posicionada para el futuro crecimiento.